Por favor, llámame trabajador/a social

Seguro que como yo han escuchado miles de veces de manera indistinta eso de “asistente social” en vez de trabajador/a social.

Pues aunque parezcan estar empeñados en llamarnos asistentes sociales, no lo somos.

La evolución histórica de la sociedad ha hecho que el Trabajo Social desde sus inicios hasta la actualidad haya sido denominado de diversas maneras. Evidentemente, este hecho se encuentra determinado por los cambios económicos, políticos y sociales que se han ido experimentando a lo largo de los años.

En la Edad Media, se crea una etapa de caridad marcada por las instituciones y servicios asistenciales que acogía tanto hospicios, hospitales como albergues. En esta situación destaca el dominio del cristianismo y con ello la atención al necesitado/a.

Como principio del cristianismo, ayudar a aquellos/as que lo necesitan ha sido una prioridad a la que había que hacer frente, puesto que desde el siglo XVI se otorgaba una responsabilidad pública en esta materia.

Alemán Bracho (1999) indica que se encontraba un Estado poco intervencionista, donde se reprimía al pobre y se encargaba de que su situación social no cambiara.

En el Renacimiento, con la aparición de pensadores está visión cambia y surge la preocupación por el ser humano y su situación en este mundo.

De esta forma, Álvarez, en 1986 indica que:

«Para las élites pensantes del XIX, existen afinidades entre niños y pobres. Ambos necesitan del amparo, y de una educación que les permita interiorizar las reglas sociales y convertirse en “civilizados”. Las asistentas sociales son las nuevas visitadoras de pobres. Son ellas quienes entran en contacto con sus problemas y necesidades y demandan los auxilios que puedan aliviar. Quizás, sin saberlo, estas mujeres no sólo realizaban una labor de Estado sino que además, en tanto que pioneras, abrían nuevos campos el de las profesiones femeninas”

Es a partir del año 1968 cuando el término “trabajador/a social” se adopta en España, en el I Congreso de Asistentes Sociales celebrado en Barcelona, el cual fue ratificada en el año 1981 (con la aprobación del Ministerio de Educación y Ciencia), y el correspondiente título universitario de Diplomado/a en Trabajo Social.

Actualmente, los/as trabajadores/as sociales vamos más allá del problema. Es decir, no solo asistimos a la persona que tiene la demanda como se hacía antes sino que promovemos el cambio poniendo en práctica un método de trabajo basado en conocer la realidad de la persona, establecer un diagnóstico, planificar objetivos, evaluar la intervención y lo que ha conseguido la persona.

Autor: Begoña Jiménez

Trabajadora social en constante evolución. Especializada en Intervención Familiar. Por encima de todo, ser humano. A través del blog pretendo dar a conocer mi opinión acerca de diversas temáticas e intentar que el/la trabajador/a social deje de ser ese gran desconocido/a para muchas personas.

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