Cuando el acoso llega a la pantalla

Las nuevas posibilidades y formas de comunicación desde las que disponemos desde principios del siglo XXI han revolucionado la tecnología informática. Cada día hay avances en este sentido, un abanico de posibilidades y retos con los que se tiene que lidiar desde el ámbito de la educación y la intervención social.

Es por ello que el Área de la Sociedad de la Información de la Comisión Europeo lleva tiempo intentando concienciar de los problemas que claramente lidiamos en la actualidad  con los/as adolescentes y los contextos digitales.

En este sentido, el ciberbullying, el Grooming o acoso sexual, y el acceso a contenidos inapropiados son los problemas de más gravedad con los que nos encontramos dentro del contexto digital.

¿Qué se entiende por ciberbullying?

Es el uso de los medios telemáticos (generalmente el uso de internet, telefonía móvil y videojuegos online) a través del cual se practica el acoso.

Estarías ante un caso de ciberbullying cuando un/a menor atormenta, amenaza, hostiga, humilla o molesta a otro/a mediante Internet, teléfonos móviles, consolas de juegos u otras tecnologías telemáticas. Si hubiera algún adulto de por medio se estaría hablando de ciberacoso.

Los modos de proceder son muy variados. Algunos de ellos son:

  • Colgar en Internet una imagen comprometida (real o efectuada mediante fotomontajes), datos delicados que pueden perjudicar o avergonzar a la víctima y darlo a conocer en su entorno de relaciones.
  • Dar de alta, con foto incluida, a la víctima en un web donde se trata de votar a la persona más fea, a la menos inteligente con el fin de llenarlo/a de votos para que aparezca en los primeros lugares.
  • Crear un perfil o espacio falso en nombre de la víctima, en redes sociales o foros, donde se escriban a modo de confesiones en primera persona determinados acontecimientos personales, demandas explícitas de contactos sexuales…
  • Dejar comentarios ofensivos en foros o participar agresivamente en chats haciéndose pasar por la víctima de manera que las reacciones vayan posteriormente dirigidas a quien ha sufrido la usurpación de personalidad.
  • Dando de alta la dirección de correo electrónico en determinados sitios para que luego sea víctima de spam, de contactos con desconocidos…
  • Usurpar su clave de correo electrónico para, además de cambiarla de forma que su legítimo propietario no lo pueda consultar, leer los mensajes que a su buzón le llegan violando su intimidad.
  • Provocar a la víctima en servicios web que cuentan con una persona responsable de vigilar o moderar lo que allí pasa (chats, juegos online, comunidades virtuales…) para conseguir una reacción violenta que, una vez denunciada o evidenciada, le suponga la exclusión de quien realmente venía siendo la víctima.
  • Hacer circular rumores en los cuales a la víctima se le suponga un comportamiento reprochable, ofensivo o desleal, de forma que sean otros quienes, sin poner en duda lo que leen, ejerzan sus propias formas de represalia o acoso.
  • Enviar menajes amenazantes por e-mail o SMS, perseguir y acechar a la víctima en los lugares de Internet en los se relaciona de manera habitual provocándole una sensación de completo agobio.

Autor: Begoña Jiménez

Trabajadora social en constante evolución. Especializada en Intervención Familiar. Por encima de todo, ser humano. A través del blog pretendo dar a conocer mi opinión acerca de diversas temáticas e intentar que el/la trabajador/a social deje de ser ese gran desconocido/a para muchas personas.

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